CHI - CHIE - MOX - RAMIRIQUÍ (BOYACÁ)
CHI - CHIE - MOX - RAMIRIQUÍ (BOYACÁ)
(Nuestra Floreciente Morada)
Foto: Vista Ramiriquí desde el "Alto de la Cruz".
Entre un infinito número de tonos verdes, que decoran las montañas con parches de cultivos boyacenses, se halla Ramiriquí. Municipio denominado la "Capital Civilista de Colombia", que con la agricultura, sus deliciosas arepas de maíz y cuajada, y su amable gente, forja con orgullo un pueblo cálido para sus visitantes y bienestar para sus habitantes en las entrañas del altiplano.
Ubicado a 32 kilómetros de Tunja y a una altura de 2.325 metros sobre el nivel del mar, este pequeño pero acogedor municipio, se encarga de proporcionarle al turista la energía de volver en otra oportunidad. Su arquitectura colonial hispánica, declarada patrimonio nacional, da un toque estético muy peculiar, con casas de dos plantas y variedad de colores, que ni el frío puede oscurecer. Cuenta además, con un parque central tradicional, que sin salir de lo normal, deja al espectador un sentimiento de nacionalidad: la majestuosa iglesia con pinturas religiosas de grandes magnitudes, la estatua en el centro de su personaje histórico insignia, José Ignacio de Márquez (expresidente de la República) y las destellantes ramas de los árboles que rodean el parque, bailando entre ellas una coreografía única, que sólo el mejor de los vientos ramiriquenses la puede dirigir.
Una gran cantidad de personas ancianas viven en el municipio, salen de vez en cuando a merodear sus calles, observando que todo su pueblo se encuentre en tranquilidad, tal y como se lo dejaron a sus herederos hace unas décadas atrás. Vestidos con sus abrigadoras ruanas, sus botas pantaneras, coloridas faldas y su distinguido sombrero pequeño de campo, se dirigen a la iglesia a pedir por su amada tierra, sin olvidar que de regreso comprarán algunas hortalizas en la plaza de mercado, que hacen falta en la casa.
Algunos más jóvenes, fanáticos del ciclismo, deporte emblema de Ramiriquí gracias a personas como Mauricio Soler (que siendo ramiriquense compite en los más famosos torneos mundiales de ciclismo profesional), parquean sus caballitos de acero en las aceras del parque, para sentarse bajo aquellas contrastantes y bajitas sombrillas amarillas a tomarse unas cervezas, que compensen el ejercicio de los cuarenta kilómetros que recorrieron yendo hasta Jenesano (pueblo aledaño) en la mañana.
Es en las sombrillas de doña María, mujer propietaria de un gran establecimiento vendedor de cerveza, donde se ubica Edilberto Borda. Con un casco vino-tinto amarrado a la cabeza, sus gafas recetadas para la miopía, un uniforme ceñido al cuerpo de ciclista, sus guantes con dos dedos rotos, una chaqueta morada impermeable y unos cómodos tenis, acomoda el pedal de su bicicleta, al mismo tiempo que la recuesta sobre una de las sillas de madera que caracterizan al pueblo. Hablando un poco con él, me mostró la verdadera cara de las personas en Ramiriquí: humanos orgullosos de su pueblo natal, que con la baja temperatura del clima y varias gotas de llovizna que empezaban a precipitarse, me regalaba la calidez del municipio y sus habitantes, con curiosos relatos de varias personas a quienes conocía, hasta que luego me contó su historia.
Edilberto o ‘Beto' (su nombre artístico), es un hombre de 42 años, pero una persona de la nobleza, carisma y estado físico de un niño. Nació en Ramiriquí y siempre ha vivido allí. "Ésta es la mejor tierra en la que puedo vivir. La que me vio nacer y crecer", afirma con una sonrisa de felicidad en su morena tez facial. A los catorce años, se dio cuenta del regalo que la vida había interpuesto entre su cuerpo y espíritu: una voz destellante e increíble. Desde ese tiempo, dedicó su vida al canto y la música, siendo éstas sus verdaderas pasiones, como él mismo lo dice, "Cantar y entretener a las personas con el talento que Dios me obsequió, son las cosas que más me gusta hacer en la vida", mientras bota una carcajada cuando recordaba una de sus experiencias, dejando a luz una dentadura blanca y perfecta de dientes pequeños.
La decencia de este hombre, junto con su forma de ser envidiable, generan en este personaje criado en el campo, un verdadero hombre, que se mantiene de las serenatas y los toques musicales que desempeña en el pueblo. ‘Beto' Borda aguaba sus ojos, al son que relataba con lujo de detalles y sobriedad de sus esfuerzos, todo su trayecto musical. Empezó inclinándose por las baladas, en el momento en que estudiaba en la escuela musical del pueblo, donde aprendió a tocar el saxofón. Tras unos años, montó con varios de sus colegas, una banda de rock en español. Luego, se dedicó con dos de sus amigos de infancia a la música "carranguera". Los anteriores géneros no le saciaron su pasión musical, por lo cual se inició en su carrera de mariachi, con varias interpretaciones que montó de sus cantantes mejicanos favoritos. El año pasado participó en el Festival de Canto en Tunja, donde quedó en tercer lugar. Ahora, es feliz en Ramiriquí tocando lo que le pidan. Al preguntársele si en algún momento quisiera probar suerte con su talento en Bogotá, curvó por completo sus pobladas cejas y respondió: "la vida en Bogotá es muy dura. Lo que más me gusta de mi pueblo, es que me aplauden tal y como soy".
Es así como en un pueblo tan pequeño se encuentran miles de historias inéditas, de personas con aptitudes y ganas de llevar el orgullo de Ramiriquí, en lo alto del país y el mundo.
Tras escuchar relatos de vidas y mitos que existen del municipio, de misterios relacionados con los asentamientos indígenas del cacique Rumirraqui de los Chibchas, de personas que han sobresalido en el pueblo por sus arepas reconocidas hasta por el presidente de Colombia, de ramiriquenses ciclistas, médicos, ingenieros, que salieron en algún momento de su tierra, pero que seguro volverán; personas que de verdad buscan el desarrollo común por el bienestar de todos. Me despedí de allí, expresando gratitudes por el hermoso tiempo que pasé, por las exquisitas arepas que comí y me llevé, pero ante todo, por la calurosa bienvenida que le proporcionan al extraño en su inclemente clima frío.
"la calurosa bienvenida que le proporcionan al extraño en su inclemente clima frío".
Esteban Alvarán Marín esalvaran@academia.poligran.edu.co


Luis Angel dijo
Hey, muy buena crónica, está bien escrita y tiene mucho ritmo!
Uqé buen trabajo de campo!
29 Mayo 2009 | 06:42 AM