KARMA COLOMBIANO

 

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Colombia en su último cuarto de siglo, ha desarrollado en sus entrañas el conflicto armado guerrillero y paramilitar, la violencia política y el tráfico de narcóticos, paralelamente a una sociedad alegre, que aunque sufre a diario los problemas de desarrollo humano que sobrelleva el país, aún siente la pasión y el orgullo de ser colombiana.

Documentales como Colombia Vive, dirigido por el periodista Mauricio Gómez, producen la reencarnación del dolor en un pueblo acogido por su ánimo alegre, que deja las dificultades del pasado en el olvido; y también, alimentan el conocimiento de la historia patria para generaciones modernas que nacieron en la época de las políticas oscuras y la doble intencionalidad.

Los movimientos revolucionarios, el auge del narcotráfico, la guerra por el poder, los asesinatos, secuestros, atentados terroristas y conspiraciones entre otros, hacen parte de la vida de cualquier colombiano. Es su historia la que, indebidamente, pone en tela de juicio el prestigio internacional a cualquier compatriota. Es así, que actualmente con la supuesta evolución del siglo XXI en temas de seguridad y cultura con el presidente Uribe, aún tenemos una fila propia en muchos de los principales aeropuertos del mundo. Sólo porque algunos de nosotros se han desviado a través de los tiempos por caminos erróneos de astucia o ignorancia, ¿Es consecuente afirmar que todos los nacidos en Colombia son narcos o asesinos?.

La historia colombiana es realmente una cara atroz de la sociedad que deja heridas cohibidas de perdón y saladas por la xenofobia mundial. Aunque son muchas las caras compatriotas reconocidas en el exterior, producto de nuestras buenas capacidades y el esfuerzo en aspectos artísticos y deportivos principalmente, el número de caras colombianas buscadas por autoridades internacionales se aproximan a mil, superando las primeras en gran proporción. Pero lo que no todos afuera comprenden muy bien, es que la explotación de oficios ilegales en Colombia, es  consecuencia de los bajos índices de bienestar que creó la avaricia de la corrupción y la desigualdad del poder. Un poder monopolizado por la burguesía y las clases altas, quienes toman las decisiones de todo un pueblo por el beneficio de unos cuantos, desde el siglo pasado.

Los grupos revolucionarios con ideologías que en un principio se determinaban socialistas, nacieron en éste país rico de recursos, a partir de mediados del siglo XX por la desigualdad social y la necesidad de luchar por los medios de producción comunitarios. Pensamientos con muy buenos objetivos sociales, que buscaban el bienestar de la sociedad, pero que con el tiempo, se convirtieron en guerrillas violentas con intereses de lucro más abarcadores que el propio capitalismo. Es por esto, que con la industrialización de la marihuana, la coca y la amapola, tales grupos armados vieron latente la posibilidad de hacerse ricos, mediatizados al terror que apuñalan al colombiano. Tal vez, la única guerrilla revolucionaria que se salvó de no tener relaciones con el narcotráfico fue el M19, quienes siempre mantuvieron como principio esencial, la búsqueda de la igualdad en Colombia; éste grupo firmó la paz con el gobierno colombiano y entregó las armas para siempre en 1990.

Atestados por los carteles del narcotráfico, capos como los Rodríguez Orejuela de Cali, Ledher del eje cafetero, Pablo Escobar de Medellín y Gacha de Cundinamarca, hicieron hasta lo imposible por mantener el predominio de sus negocios y la ilegalidad de la extradición. A pesar de que algunos utilizaban parte de sus ganancias para la comunidad, como en el caso de Escobar, que construyó barrios y canchas deportivas para la sociedad de bajos recursos, todos cometieron con barbarie delitos terroristas por su supremacía. Afortunadamente, uno a uno fueron cayendo ante autoridad colombiana con el apoyo de los Estados Unidos, o ante sus tumbas. Sus atentados fueron innegablemente actos que dejaron huella en el arenal de las penas históricas en Colombia.

Sin embargo, la lucha contra el narcotráfico aún no culmina. La guerrilla de las FARC y otros grupos al margen de la ley, heredaron el negocio de gran lucro. Álvaro Uribe y su lucha contra el terrorismo de la mano de la seguridad democrática,  no ha podido obtener victoria en éste conflicto, que necesita un poco más, que una mano firme y un corazón grande para finalizar.

No siendo suficiente, la corrupción y la guerra política también desvanecen la justicia y orden democrático colombiano. Las conspiraciones y todo lo que pasa después del telón del poder, son un tema más que preocupa al pueblo. Nuestro mandatario, por ejemplo, se ha preocupado más por cómo perdurar en su puesto presidencial, que por buscar soluciones a problemas que en serio necesitan gestión. Como el desempleo, que si éste tuviera un buen método de disminución, los problemas de pobreza, violencia urbana y narcotráfico, irían desapareciendo poco a poco, equilibrando así la balanza del desarrollo de nuestro país, territorio y pueblo, al que pertenecemos todos los colombianos.

Sólo hay que abrir los ojos, para darse cuenta que nos están metiendo los dedos a la boca. Pero sin juicio, el colombiano sigue pensando que nuestro presidente ha sido y será el mejor de todos. Por lo tanto, votará en las próximas elecciones por la narco-política, por el bienestar de los magnates económicos y las ejecuciones extrajudiciales, que tanto le han gustado, a pesar de que lo traten con exclusión en el resto del planeta, por no inducirse al cambio que tiene oportunidad de brindarle a nuestra patria querida, Colombia.

Esteban Alvarán Marin                                                                                                     esalvaran@academia.poligran.edu.co