PERIODISMO Y LITERATURA
PERIODISMO Y LITERATURA
Foto: Truman Capote.
De sobremanera, Truman Capote con su obra "A Sangre Fría" se convirtió en pionero del periodismo literario. Capturó en una forma novelística, la realidad que le apasionaba del periodismo. Es una clara muestra de lo exitoso que pueden ser las mezclas que culturalmente nunca desarrollamos por miedo al error.
Capote, inhibido por su curiosidad investigativa sigue los rastros de una masacre en un pueblo de Kansas, donde apasionado por el misterio del paradero y los motivos de los victimarios, sigue huella por huella todos los datos que podía conseguir como excelente reportero. Su investigación dura un poco más de cinco años, en los cuales conoce a todas las personas del pueblo e incluso se vuelve amigo de los homicidas, quienes presos, esperaban su ejecución en la horca. Después de esto, Truman desarrolla su novela, que por su gran calidad investigativa y sus aspectos totalmente reales, se convierte en un boom en todo el país norte-americano en la segunda mitad del siglo XX.
El autor, luego de la publicación de su obra, siente una dualidad moral, que por un lado le proporcionaba felicidad ver el resultado de todo su trabajo, mientras que por otro le generaba karma, el saber que aquellos asesinos que se habían vuelto sus amigos, estaban muertos por la pena capital. Como él mismo lo dijo:, "Escribir el libro no me resultó tan difícil como tener que vivir con él".
"A Sangre Fría" es una novela con descripciones demasiado completas, de personajes que se encarnan en la mente del lector de manera común; escenarios reales que transportan la imaginación; y sucesos no ficticios que abruman por completo las percepciones de quienes se sientan hora tras hora delante del extenso libro, destruyendo una por una, las especulaciones que éstos generan en la historia. Con gran metodología objetiva y real, el autor hace sentir al espectador, leyendo un reportaje de cuatro cientas hojas en un periódico local de Kansas, con la diferencia de que esta novela es un tren que viaja por numerosas estaciones que van encaminando al lector a través de una historia real. El narrador se encuentra en todos los hechos, pero no es en ninguno participe de ellos (omnisciente). Capote nos va mostrando esta gran historia con su periodismo literario, mostrando el pueblo y la familia asesinada, junto a los planes y hechos de los asesinos, en escenas intercaladas que le regalan al lector un sentimiento informativo de qué están haciendo por diferentes lados, los personajes en un mismo tiempo.
Ya estando mucho más informados acerca de este espectacular ejemplo del periodismo literario o de el género llamado novela real (gracias a Capote), muchos autores de crónicas que informan con la más alta cantidad de detalles y bastantes escritores de literatura ficticia que montan historias inéditas y creativas sobre la imaginación del espectador, han entrado al debate de gran polémica sobre la existencia de esta mezcla literaria que analizamos.
El periodismo no es un hermano menor de la literatura. Como estudiante de comunicación social y periodismo, pero ante todo como lector empedernido de todo tipo de artículos, notas, historias, crónicas, noticias, ensayos, novelas, cuentos, etcétera, confieso que prefiero las crónicas. Éstas, me transfieren sucesos, lugares y descripciones reales que desconozco, acompañados de exuberantes, pero objetivos y concisos datos reales, que despiertan mi creatividad mental, para construir circunstancias, caras, casas y hasta sentimientos que va narrando el autor respectivo. Me parece muchísimo más interesante leer un artículo que me va a informar de la realidad que no sabía que existía, o al menos, de la que vivo pero desconozco, que leer obras literarias que construyen en mi cerebro conjuntos ficticios de vidas que no existen.
Pero tal y como lo afirma el cronista argentino Martín Caparrós, no siento la diferencia entre periodismo y literatura. Son simplemente corrientes distintas, donde la ficticia le compromete un pacto al lector de que lo va a entretener, contándole una historia que nunca sucedió, pero que tal vez le va a poner a pensar. Mientras que la no ficticia, le cuenta una historia cierta de la que el autor se enteró y quiere que lo sepa. Aunque los pactos marcan diferencia, los géneros no deben ser de igual forma diferenciados. Los dos relatan algo. Ambos le transmiten a partir de herramientas comunes, mensajes que informen o entretengan al lector, según sea el caso.
Es por eso, que la novela real no surge como un género como tal, a través de Truman Capote, sino que más bien, es un entrelazado de herramientas de la literatura y el periodismo, que coadyuvan a que el objetivo respectivo sea eficaz en la mente e imaginación del lector.
Como alguna vez lo dijo la periodista argentina Leyla Guerriero"(...)en los grandes cronistas encuentro ecos de Richard Ford y de Scott Fitzgerald, de Góngora y de la Biblia, de José Martí y de Gonzalo Rojas, de Flaubert y de Paul Bowles, de Salinger y de Alice Munro, de Nabokov y de Pavese, de Bradbury y de Martin Amis, de Murakami y David Foster Wallace. Claro que si vamos a ser sinceros, no suele haber, en los grandes escritores de ficción, ecos de cronistas majestuosos".
Lo que sí es maravilloso, es leer una crónica con la capacidad narrativa de la literatura; personajes reales con descripciones detalladas y completas; lugares existentes como escenarios de locura; circunstancias históricas con ánimos de ser situaciones creativas. De igual forma, una novela centrada en la investigación de un acontecimiento, conforma la dinámica de la curiosidad por la realidad, junto con la descripción característica de la literatura, que crea la eficiencia de un mensaje bien comunicado; de una historia bien contada; de un hecho perfectamente informado.
Esteban Alvarán Marín esalvaran@academia.poligran.edu.co
Foto: http://www.flickr.com/photos/litmuse/109265615/

