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La Coctelera

LA BIBLIOTECA MÁS GRANDE DE SURAMÉRICA

Un recorrido por el Centro Cultural y Biblioteca Pública Julio Mario Santo Domingo.

Once antiguos eucaliptos de gruesos troncos y frondosas ramas son los centinelas de la sapiencia, que desde el extremo noroeste de la construcción resguardan el ambiente natural del proyecto cultural más ambicioso de los últimos tiempos, en la ciudad de Bogotá.

Justo en frente de la escalinata, que da ingreso a un vestíbulo amplio e iluminado por donde se cruzan los visitantes, se logran ver varios laberintos rodeados por jardines decorativos que se inmiscuyen por los escalones, haciendo que la persona tenga que zigzaguear todo el trayecto hasta el piso elevado.

Arriba, antes de cruzar la puerta de vidrio que comunica la recepción con el húmedo y frío ambiente sabanero, desde un elegante pasillo se observa una planta inferior al aire libre, que es imposible ver desde cualquier punto exterior de la impetuosa obra arquitectónica. Es un espacio ubicado en una depresión artificial de la superficie de la tierra, en el que se encuentra una cafetería y una serie de mesas metálicas donde un grupo de personas toman café mientras comentan la última presentación de la Filarmónica de Bogotá, llevada a cabo en el Teatro Mayor del Centro Cultural.

Un vigilante y dos recepcionistas uniformados guían a cada asistente, en su cita con el conocimiento el día de hoy. Por más que lo intentan, los agasajados pero perdidos visitantes no logran identificar por sí solos la ubicación de la sala que buscan; el vestíbulo es bastante minimalista y no tiene mapas, con los cuales señalar con el dedo alguna orientación; sólo cuenta con una lista insuficiente de todas las salas, separadas por pisos. Del otro lado del recinto, está la taquilla de los dos magníficos teatros -uno de ellos, el Teatro Mayor, es considerado ejemplo en amplitud y calidad sonora a nivel latinoamericano- donde se presentarán las más grandes compañías de teatro, ópera, danza y música del planeta.
Tras la recepción, el maletero toma protagonismo puesto que no es permitido entrar maletines ni bolsas a ninguna de las salas de la biblioteca.

La primera decisión que debe tomar quien desea conocer el centro cultural, es si baja por un extenso pasillo al primer piso, o bien, sube por las escaleras de la izquierda. Como igual pocos tienen conocimiento de qué hay en cada lado, el camino por el que se opte es irrelevante; de igual forma sorpresas hay por cualquiera de ellos.

Bajando hacia la primera planta, es imposible no quedar asombrado por la altura a la que está el techo, tres pisos más arriba. Además, este consta de un sobrefaz en madera, que con muchas líneas que constituyen cuadrados, dan la apariencia de una red por la que se escapan fuertes destellos de luz amarilla.

Por esta ala occidental del edificio se encuentran todas las entradas a los teatros, incluyendo los exclusivos palcos de los pisos superiores. Avanzando por el primer piso se hallan grandes ventanales que albergan dos salas múltiples para conferencias, salas de capacitación que parecen áulas de clase con computadores en todos los puestos, y la Sala Bogotá, que es realmente atractiva por la posición y forma de todos los escritorios, ya que está organizada de forma que cualquier persona ve las caras de todos los interactuantes, adecuado para un debate.

Más adelante, la sala de exposiciones espera a los amantes del arte con una encantadora muestra de los más representativos trabajos del maestro español, Roda, quien vivió una buena parte de su vida en Colombia. Las series de grabados de sus más reconocidas creaciones, como ‘Retratos de un desconocido', ‘Flora', ‘Tauromaquia', ‘Risa', ‘El delirio de las monjas muertas' y ‘Amarraperros', todas juntas, aguardando para ser analizadas por bogotanos y turistas interesados por las imágenes abstractas y los rayones con sentido.

En diagonal a la sala de exposiciones, hay otro pasillo que comunica con el exterior, a la pequeña plazoleta de la cafetería donde hay más jardines: una de las características más atractivas de la biblioteca es que en sus exteriores tiene vegetación por todo lado, lo que produce un gran contraste entre las inmensas paredes pálidas y los transparentes ventanales, con el verde, rojo y amarillo de los distintos jardines. Allí mismo se ubican los baños y la tienda ‘BibloAmigos', donde se puede conseguir todo tipo de literatura y ejemplares de libros de exposición artística, donde concurren editoriales internacionales muy afamadas, como es el caso de Könemann, y la colombiana Villegas Editores.

El primer piso es el preferido entre los niños. La sala infantil se encuentra allí, con largos estantes llenos de libros de cuentos e imágenes, de los más bellos relatos de caballeros, reinas, princesas y sapos. Las paredes de este espacio están decoradas con simples pero coloridas ilustraciones enmarcadas, de ‘reyes en el mundo de los pies descalzos' y otros escenarios dignos de la imaginación de los traviesos infantes que corriendo se cruzan de lado a lado, para mostrar a sus padres el nuevo libro que han encontrado.

Para los bebés la biblioteca preparó la bebeteca, donde con libros de sonidos y texturas, se le estimulan los sentidos para un desarrollo pleno y rápido de su ser. También, el espacio de los niños cuenta con una ludoteca y un salón dedicado a los talleres, en el que por estos días se dan clases gratuitas de danza y se realizan clubes de lectura en las tardes.

En un piso superior se halla la gran ‘Sala General', donde se encuentra la vasta colección de libros que identifica al Centro Cultural Biblioteca Pública Julio Mario Santo Domingo, como una de las más grandes sedes del conocimiento a disposición de los bogotanos, administrada por la Red Capital de Bibliotecas Públicas.

Sólo al momento de ingresar se es conciente de la magnitud de esta obra construida con una inversión que sobrepasa los 100 mil millones de pesos, donados por el magnate económico colombiano dueño del grupo Santo Domingo. Realmente no sé qué es lo primero que todas la personas ven en este lugar: en la izquierda, cuarenta computadores de última tecnología sirven para navegar en internet; también hay unos cuantos ordenadores dispuestos alrededor de la recepción de la sala, en los que se realizan las consultas de libros, material de video y de sonido; un poco más al fondo hacia el oriente, se construyeron cubículos privados de estudio, compuestos por una mesa y cuatro, seis u ocho sillas -dependiendo del cubículo- encerradas entre cuatro vidrios, pero con una maravillosa característica, la vista esplendorosa que tienen hacia los cerros orientales que custodian la ciudad; a la derecha, la sonoteca que cuenta con bastante cómodos sillones donde el visitante se sienta y acomoda sus audífonos al mismo tiempo que toma algún ejemplar de la prensa del día; si mira un poco hacia arriba hay un segundo piso que circunda la ‘Sala General', dotado de una gran cantidad de escritorios y sillas para estudiar en grupos; un poco más al fondo por el primer piso de esta estancia, se ven todos los estantes en los que habitan esos seres inmóviles pero cargados de cultura, debidamente organizados bajo la ‘Clasificación Internacional Bibliográfica de Dewey'; el techo es igual a como todo el centro cultural, altísimo, pero éste tiene unos huecos en forma de cubo con una pirámide con la punta hacia abajo, que sirve para que a través de grandes ventanales, traspase la luz del astro solar hacia el interior de la biblioteca.

En un recorrido por los estantes, que tienen cuatro niveles y no sobrepasan la altura de un ser humano promedio, se encuentra desde el libro de ‘Los Árboles del mundo', el ‘Tratado de Pediatría' de Escobar, los libros de arquitectura más costosos del mundo de la editorial alemana Taschen, literatura de Vargas Llosa, ‘La Guerra Civil Española' de Antony Beevor, hasta ‘La Venganza de la Vaca' de Sergio Aguirre y el controversial ‘Persépolis' de la iraní Marjane Satrapi.

Un poco más pequeños y ubicados hacia el centro de la sala, otros estantes resguardan los costosos libros de arte, donde se descubren los dos libros más grandes de toda la biblioteca: El gran ‘Atlas Phaidon de Arquitectura Mundial del Siglo XXI' de la editorial Phaidon, y el encantador libro titulado ‘Diego Rivera. Obra Mural' de la editorial Taschen, una exhaustiva recopilación de todos los trabajos de uno de los más representativos artistas mejicanos del siglo XX.

La biblioteca cuenta con suficientes sillas y mesas para que ningún visitante tenga que esperar la salida de otro. Los colores que predominan dan un ambiente opaco y simple, pero bastante elegante. Dan ganas de sentarse y disfrutar de una buena crónica de la argentina Leyla Guerriero, una poesía de Neruda, una novela de García Márquez, o simplemente, tomar un libro de paisajes naturales
colombianos y deleitarse.

Yo no soporté más. Mi alma se introdució en un submarino creado por la imaginación futurista de Julio Verne, mientras mi cuerpo yacía en uno de los sillones cafés de aquel sosegado lugar.

Esteban Alvarán Marín

estebanalvaran@gmail.com

UN SUEÑO A CRAYÓN

Sonriente y pretenciosa, despierta Camila Benítez.

Por su mente pasan millones de pensamientos, que a una velocidad fugaz se transportan entre sus más preciadas cavilaciones posadas en su corazón, y los más intrínsecos deseos de su consciencia; deseos buenos, de esos que la desvelan, en los que incluye a todas las personas que la rodean. Desde su radical cristiano padre Bernardo, hasta aquel desconocido que encuentra a diario en la calle cuando, montada en una vieja buseta, se dirige hacia uno de los barrios más pobres ubicado en el extremo suroriental de la ciudad, todos, pueden tener garantía de las aspiraciones comunitarias de esta mujer, que desea ser un factor de cambio hacia la igualdad y bienestar común, de este planeta que ella misma define "naturalmente injusto e interesadamente desajustado".

Allí va Camila. Cierra la puerta de su casa ubicada en el barrio Minuto de Dios de su ciudad natal, Bogotá. Acomoda sus gafas oscuras, cuadradas por aquello de la moda, hasta llegar lentamente a posarlas sobre su nariz, mientras impone paso por paso en las aceras citadinas el golpeteo de sus tacones. Se dirige hacia "Las Lomas", una zona miserable y peligrosa que la administración distrital desearía desaparecer, pero a la que ella no deja de ir elegante porque piensa en que sus niños, a los que dicta clases de arte, tienen que verla como una motivación para salir adelante. "Ellos no tienen nada perdido en esta vida", piensa.

Aunque en otros trabajos ha tenido mejores condiciones y posiblemente se ha sentido más cómoda, como lo fue cuando laboró en el prestigioso Hotel Bogotá Plaza, hay algo de lo que está convencida: "trabajar con niños es enriquecedor; son millones de cosas que te pueden aportar y regalar en valores y emociones para tu vida(...) y ellos lo hacen sólo porque en uno encuentran la mamá que posiblemente no tiene tiempo para compartirles, o que sencillamente no existe en sus cortas vidas", piensa al tiempo que sonríe para sí misma. Su trabajo social siempre ha sido tema de orgullo para ella; no hay una gran remuneración económica, pero con la felicidad que le proporciona construir mentes de algunos pequeños que dejaron sus familias con un simple beso de despedida desde muy temprano en el centro comunal, le es suficiente y posiblemente hasta le sobra satisfacción.

Sin que su refinado pantalón negro azabache importe mucho, se sienta en el pasto, húmedo por el rocío de la mañana sabanera, rodeada de niños sonrientes que gritan entusiasmados por saber qué sorpresa les brindará la "profe" en este día soleado de cielo azul, al que pocas nubes mal distribuidas se le unen. Para asombro de Juan, uno de los menores, que sueña con volar algún día, Camila hoy les construirá un pájaro hexagonal de papel con una larga pita colgando de uno de sus extremos, para luego enseñarles a darle vida y ponerla a planear entre las frías corrientes de viento que ambientan la ciudad. Algunos materiales que traía en su bolso y las técnicas aprendidas en su club de cometas Tsaphon Kite Club, al que pertenece desde hace algunos meses cuando descubrió tal gusto por este pasatiempo, le ayudaron para que en sólo cuarenta y cinco minutos, presentara ante los brillantes y asombrados ojos de sus pequeños alumnos una birlocha profesional a la que todavía el pegante no se le secaba.

Uno a uno, todos tuvieron por un momento el control de tan simple pero misterioso artefacto que se elevaba cada vez más en el firmamento. La profe los asesoraba en sus movimientos para no dejar que esta se enredara en alguno de los cables de luz que rodean el jardín, o que se precipitara al suelo. Al mismo tiempo, corroboraba para sus adentros por qué tan singular arte le había cautivado tanto la atención: es una forma de aproximarse a su amada madre, quien hace un par de años la acompaña desde lo más alto de la bóveda celeste. Sonríe y vuelve la mirada sobre Sergio, que amenaza con soltar la cuerda, si no le regalan dos minutos más volando la cometa.

Al observar su creación alejándose a gran velocidad dando volteretas en el aire, Camila sorprendida por los gritos de sus niños toma un poco de aire y lo contiene en sus pulmones. Los regaños y penitencias no son lo suyo. Aunque en su infancia contrarió a sus padres en muchas de sus órdenes, siempre aprendió que el mejor castigo se lo daba ella misma, al sentir las consecuencias de sus minúsculos actos en su propio interior; en aquella voz que clasificando lo bueno y lo malo, va construyendo la ética y moral de cada ser humano. Convenció a los futuros hombres y mujeres que protagonizarán la realidad colombiana en unos años, de que fueran a comer el almuerzo; y logró hacerlos olvidar el incidente del cual Sergio ya se sentía culpable, al ver que la diversión había culminado.

Su sueño más grande es tener su propia fundación para niños con cáncer, ya que según su experiencia es "la población más vulnerable que necesita ayuda para vivir al máximo mientras pueden". Estudia comunicación social y periodismo para abrirse caminos en la búsqueda del éxito de su gran proyecto de vida, justificando así, las herramientas que su carrera le proporciona, como lo son los contactos y la difusión de sus ideas en medios, para garantizar el bienestar de miles de niños que hoy en día tienen pronosticada la muerte y no pueden aprovechar sus vidas en el poco tiempo que les resta.

Como le apasiona la radio, durante la tarde juega y canta con los hijos de "Las Lomas" al ritmo de Colorín ColorRadio. Entre ponchados y vueltas canela Camila reparte crayones de colores y papeles reciclados de la junta comunal del barrio, para que cada uno raye y dibuje lo primero que llegue a sus jóvenes mentes. Algunos hicieron coloridas cometas con pepas y caras felices volando en cielos que llenaban de aves cafés, junto a nubes con grandes ojos y soles con alargadas sonrisas; otros dibujaban sus familias, con fuertes rayones oscuros transversales sobre cada integrante, que demuestran la realidad en la que viven los pequeños niños de la miseria; pero una gran mayoría, llevó a sus humildes hogares retratos dibujados a mano alzada, de una mujer de rizos castaños y un rojo corazón gigantesco que resaltaba en su pecho: compartieron con sus familiares a la "profe" de arte que esperan volver a encontrar mañana en el frío salón comunal.

Luego de despedirse de su padre y tres de sus cinco hermanos en el comedor, Camila llega a su cama segura de que ha sido un gran día, en el que de nuevo, logró hacer olvidar por unas horas a sus pequeños alumnos de la cotidianidad violenta que este país sólo les puede ofrecer. Posiblemente hoy con cariños y abrazos ha plantado una semilla de paz más, en el herido corazón nacional.

Sonriente y pretenciosa, duerme Camila Benítez.

Esteban Alvarán Marín

estebanalvaran@gmail.com

LOS MEDIOS AGONIZANTES


Mientras el Estado lleva varios años debatiendo la controversial licitación de un tercer canal privado en Colombia, más de 700 medios comunitarios luchan a diario contra la extinción de sus canales de expresión e información social, a causa del insuficiente apoyo gubernamental y una sociedad indiferente.

Bajos presupuestos de operación que les reducen la competitividad ante los medios masivos de comunicación, una desarraigada cultura de consumo informativo de los colombianos y exiguas legislaciones para trabajar, son los factores más limitantes que confrontan los medios comunitarios en Colombia.

Con pretensiones de llegar a los oídos, ojos y manos de todos los colombianos, son grandes las esperanzas e inmenso el objetivo por el que miles de personas en la nación dedican sus vidas desde los medios locales, con la única retribución de sentirse satisfechos por el aumento de números en un contador de visitas web, la circulación de un impreso o la difusión de una señal radial o televisiva al interior de una comunidad.

Grupos intelectuales apasionados por la comunicación, desempeñan sin descanso una labor que pocos aprovechan. Desde pequeños cuartos oscuros, salones comunales y oficinas independientes, los medios comunitarios se conforman en canales de enaltecimiento cultural, defensa y promoción de los derechos humanos y construcción de respeto, solidaridad e integración social.

La esencia de lo comunitario.

Finalizando el siglo XX, personas comprometidas con el desarrollo humano y su vida en sociedad, adoptan una tendencia europea de comunicación local en Latinoamérica. Países como Venezuela, Ecuador, Perú y Colombia protagonizan un importante auge de creación de canales comunicativos con influencia dentro de una determinada comunidad o grupo social.

Más que un paso temporal del periodista dentro de su carrera por conseguir experiencia de su ejercicio que le facilite luego un cargo en un medio masivo, los medios comunitarios se constituyen sin legislación alguna, basando su necesaria existencia en la construcción y soporte de una sociedad y su respectiva cultura.

Siendo medios con un acercamiento extremo a las personas por su pequeño campo de acción, estos comienzan a desarrollarse como agentes de cambio en los imaginarios de cada individuo, elaborando una identidad cultural única que promueve la solidaridad, en sociedades caracterizadas por su carencia de sentimiento colectivo.

Mediante la prensa, radio y televisión posteriormente, los medios locales lograron incidir en una cohesión social entre el individuo y su entorno. Las denuncias y mensajes que a diario llevan, implican al ciudadano común y corriente dentro de las problemáticas nacionales, vistas desde su mejor punto de entendimiento: su barrio, sus vecinos, su cotidianidad.

Los medios comunitarios se han identificado como entes de desarrollo de la libre expresión y su gran objetividad para tratar los temas que más interesan al ciudadano. Por tal razón, constituyen también una oportunidad para que la sociedad conozca diversos puntos de vista sobre políticas que inciden en ella. También, a través de los años se han conformado como medios de denuncia, donde ponen en conocimiento del público injusticias e irregularidades que comprometen la comunidad. Así lo explica Arturo Huérfano, docente universitario e investigador de la comunicación social, señalando que "estos medios comunitarios son vitales para acercar las diferentes comunidades, generando democracia y libertad en la sociedad".

Es claro que la existencia de diversidad de medios de comunicación en una nación, es un factor que beneficia el desarrollo puro de la democracia. Y los medios comunitarios tienen una gran misión en este ámbito: conforman entes de investigación, veeduría y denuncia, que protege a los colombianos de problemáticas como la corrupción y el detrimento de los derechos humanos. A diferencia de los canales masivos de información, la sociedad tiene un gran voto de confianza en los comunitarios, puesto que su condición de servicio social garantiza independencia gubernamental, imparcialidad y objetividad, que vela permanentemente por el cumplimiento de los derechos de un grupo significativo de personas y el desarrollo cultural del mismo.

Grupos protectores y sociedades indiferentes.

Raúl Benítez (foto) es fundador y director de ‘Red Social de Medios de Comunicación', una organización sin ánimo de lucro que lucha por la protección y soporte de la comunicación comunitaria en Colombia. Para él, la razón fundamental de la existencia de medios locales dentro de una sociedad consiste en ser una barrera contra las consecuencias de la influencia de los medios masivos, ya que "se ha abandonado la responsabilidad social de los medios de comunicación, por asumir responsabilidades de carácter económico", argumenta.

El compromiso de cualquier medio de comunicación es simple pero extenso: construir a la sociedad desde el aprendizaje y el entretenimiento. Los de carácter comunitario son herramientas culturales inimaginables que bajo la pedagogía mediática logran componer imaginarios y comportamientos sociales; pero son propensos al desinterés de consumo, su peor pesadilla. Al no contar con la cantidad de dígitos que deberían tener en sus cuentas bancarias, los medios locales producen contenidos limitados por la tecnología, que aunque contengan excelentes temáticas y objetivos sociales, las personas al fin y al cabo prefieren consumir lo que ven más ‘bonito' o, igualmente, lo que más divertido les parece. De tal forma, la misma comunidad se encarga de ‘cavar el hueco' donde podrían morir los medios que más se dedican a ella, quedando así desprotegida ante la industria comercial de la cultura que construyen los medios masivos. "Dependiendo de cuáles sean los intereses que estén detrás de los grandes medios de comunicación,
hacia allá se orienta todo el proceso de modelación de la conducta y pensamiento social", señala Benítez.

Determinante ha sido la labor del grupo humano de ‘Red Social' en el ámbito de los medios comunitarios capitalinos. Producto de un trabajo que hicieron con más de 140 medios de comunicación en Bogotá, nacieron factores de peso que permitieron presentar ante el distrito un proyecto que se convirtió en la expedición de la política pública distrital de medios de comunicación comunitarios, a través de los decretos 149 y 150 de 2008. Con esta legislación ejemplar en Latinoamérica, aunque todavía insuficiente, "se le brindan garantías a los procesos sociales que subyacen alrededor del tema de la comunicación -comunitaria-", señala Raúl Benítez. De esta forma, se busca que los medios al servicio local de la comunidad, se consoliden y sean fuente de transformación social.

Actualmente, la fundación dirigida por Benítez trabaja en un borrador que permita tramitar en el congreso de la república un proyecto de ley de iniciativa y comunicación ciudadana que incluya los medios comunitarios y alternativos en la sociedad, y les proporcione un tratamiento especial dentro de la legislación. Explica el fundador que "no se pueden dar las mismas condiciones a un canal de televisión comunitario y a RCN", ya que las diferencias son gigantescas.

Como ‘Red Social de Medios de Comunicación', contadas son las organizaciones de profesionales de la comunicación social, periodismo y ciencias sociales, que se dedican a la promoción y apoyo de los medios comunitarios en Colombia, dentro de su objetivo por explotar métodos comunicativos que construyan en la sociedad sentidos de vida separados de la tendencia consumista. Otro ejemplo de éstas, se llama ‘Sipaz' (Sistema de Comunicación para la Paz), que conforma una red que articula información de medios comunitarios colombianos en un solo portal, con el fin de facilitar a las personas encontrar información producida desde sus barrios, localidades y municipios, a través de los medios locales.

Aún así, mientras unos sacrifican sus esfuerzos por el enaltecimiento de los medios comunitarios y la proposición legislativa por cubrir necesidades de los mismos, la cultura colombiana constituye la principal discriminación de la comunicación local, a la hora de consumir información. Sin considerar la importancia intrínseca de la función de estos medios, los colombianos siguen dejándolos a un lado de la autopista por la que transitan los rápidos automóviles de los medios masivos. Los días pasan y la audiencia de estos canales gestores de identidad colectiva disminuye constantemente; lo mismo comienza a suceder con sus protagonistas, que sentados en rechinantes sillas de madera escriben para un público fantasma.

Un invidente con visión comunitaria.

Entre radio, televisión, impresos y canales digitales, existen actualmente más de 700 medios comunitarios en Colombia; la mayoría de estos, luchan a diario contra la realidad de una sociedad indiferente y, consecuencia de lo anterior, un apoyo insuficiente por parte del Estado para su manutención y desarrollo. Por tal razón, llega el momento en que sus equipos periodísticos deben desprenderse de su esencia funcional en la comunidad y se ven obligados a seguir el camino que la ignorancia colectiva les pide: unirse a la industria cultural de los medios masivos de comunicación, donde prima el entretenimiento sobre la idiosincrasia nacional.

Pero tercos o no, líderes de la comunicación comunitaria no desfallecen ante la esperanza de una transformación social, donde exista un consumidor de información interesado por el desarrollo colectivo de su entorno, y encuentre en los canales locales el espacio perfecto para su ideal de progreso humanitario.

Un invidente con visión comunitaria es Nelson Julián Villamizar (Foto), quien hace poco más de ocho años fundó el primer periódico para personas con discapacidad en Colombia. Bajo el nombre de ‘¡Proclama!', este periódico de doce páginas que maneja una circulación de 10 mil ejemplares , se esparce rápidamente por las alcaldías locales de Bogotá, para llegar gratuitamente a todas las personas con algún tipo de discapacidad que se interesan por informarse sobre temas que influyen directamente a su comunidad.

Además de la versión impresa, el periódico ‘¡Proclama!' se aprovecha de las herramientas tecnológicas que ofrece hoy en día internet, para publicar una edición que pueda llegar a todos los lugares del país y el mundo. Para los lectores invidentes, ofrece la posibilidad mediante un computador, de escuchar una voz programada que lee de manera asistida los contenidos de cada publicación mensual.

Este medio comunitario comandado por un grupo de personas ciegas, tiene como objetivo central la inclusión de la misma minoría a la que pertenecen dentro de la gran sociedad colombiana. Sin embargo, el periódico tiene una gran versatilidad al poner cartas en todo tipo de temas, que resultan interesantes hasta para quienes la vida privilegió con tenerlo todo y poder quejarse. "Buscamos la inclusión, mas no la separación. Nuestro ideal no es constituir un guetto de personas con discapacidad", asevera su director general.

"Somos defensores de la causa, promovemos los derechos de nuestra población y tomamos partido", justifica Villamizar cuando expone la contradicción que existe entre el fundamento del periodismo de la neutralidad, con el importante papel parcializado que debe adoptar un medio comunitario que lucha por los intereses de un determinado grupo social.

La sostenibilidad económica de los medios alternativos, se basa en su propia lecturabilidad. Sólo comprobando una considerable cantidad de lectores por edición, un periódico como ‘¡Proclama!' logra vender la pauta publicitaria que le proporcione los recursos para seguir trabajando. Cuando no se vende, sencillamente no se publica. Es la ley que su director denomina "sal si puedes" referenciando una vieja canción del cantante Lucho Bermúdez.

Para los medios comunitarios obtener un apoyo económico por parte del Estado es más que una hazaña de por vida. En ese sentido, les va mejor a los que funcionan en la capital colombiana, puesto que es la Alcaldía Mayor de Bogotá la institución, que a partir de la promulgación de los decretos de política pública para los medios locales y alternativos, ofrece no muy cuantiosas sumas de dinero para la inversión en este ámbito. Al sorteo se accede en forma de licitación. Según Nelson Villamizar, esta entidad estatal es la que más ha avanzado en la planeación y gestión de garantías para medios de comunicación sociales, puesto que el presupuesto de 200 millones que tenía para estos sorteos en un principio, ya se ha incrementado hasta el punto de alcanzar los mil millones de pesos el año pasado.

Para Villamizar la esencia de su trabajo en la comunicación comunitaria corresponde a "la democratización de la información y la opinión pública", ya que una sociedad no puede estar sujeta a un monopolio de medios de comunicación, que siempre va a tender estar liderado por los medios masivos. Como sabemos, las grandes empresas de medios informativos en Colombia dependen directamente de grupos económicos y políticos que no garantizan la libertad de expresión y están ligados a la censura.

Mientras la Comisión Nacional de Televisión discute durante años la multimillonaria licitación del tercer canal privado en Colombia, cientos de terceros canales y medios comunitarios colombianos en general sienten cómo la muerte comienza a retumbar en sus escritorios, cámaras y micrófonos, al no saber a ciencia cierta hasta cuándo podrán sobrevivir con los diminutos ingresos que registran. Posiblemente si el gobierno le diera mayor protagonismo a los medios alternativos, con lo que piensa gastar en un medio masivo comercial, podría proporcionarle el desarrollo a todos los medios sociales del país; podría consolidar a Colombia como un ejemplo de democracia mediática; podría posicionar sus producciones comunicativas como las mejores del mundo; podría sacar los medios comunitarios de la agonía en la que se ven envueltos.

Esteban Alvarán Marín

estebanalvaran@gmail.com

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Crónica de un Atraco

"Hola pá, me atracaron"

 

Faltaban ya quince minutos para que fueran las siete de la noche, cuando recibí la última llamada que entraría por la línea número uno, de mi celular Samsung,  un modelo de hace un par de años, con  pantalla frontal monocromática y de tapa gruesa, con diferentes  tonalidades de grises y el contrastante negro. Era mi novia, quien me explicó que ya estaría en aproximada media hora en lugar en que debíamos encontrarnos ese viernes. Por lo tanto, me ordenó que debía salir tan pronto como fuera posible, a tomar el Transmilenio que me acercaría gran parte a la zona de mi encuentro con aquella hermosa mujer, que amo sin predisposiciones y con todas las fuerzas de mi ser.

Antes de abandonar mi casa, que en tal momento se encontraba sola, ya que mi hermana -con quien vivo-  estaba de viaje, me miré un par de veces en el espejo para comprobar que la camisa estuviera bien puesta; que el peinado estuviera tal y como me gusta. Luego procedí a aplicarme un poco de aquella loción de marca rara que mi padre me obsequió hace un mes, y revisé el bolsillo de mi camisa para sacar un cigarrillo, que ni cuenta se daría la pobre nicotina que en poco minutos comenzaría a incendiarla, ni mucho menos que en pocos minutos sería testigo de la situación de miedo en la que me ví envuelto. Tras la caja de cigarrillos logré ver doblado los dos billetes de cincuenta mil pesos, que me había dado mi padre unas cuantas horas más temprano, mientras me decía que guardara algo y no sacara todo el dinero esa noche. Sin embargo, hice caso omiso a las alertas de mi padre,  porque sabía que hoy tenía la invitación pendiente de salir a comer con mi novia, y por lo tanto necesitaría la mayoría del dinero. Saqué los dos billetes doblados que estaban escondidos tras la cajetilla de Marlboro roja, y los guardé en mi billetera vieja pero que sigue siendo perfecta para mí, en el compartimiento especial, diseñado para los billetes. Prendí el cigarrillo y salí asombrado del frío del ambiente de aquella noche despejada.

Desde mi casa hasta la estación de Transmilenio más cercana, ubicada en el barrio Alcalá de Bogotá, hay que recorrer unas ocho cuadras no muy solas, pero tampoco muy pobladas. Un trayecto que hago casi a diario, ya que el sistema de transporte masivo de la capital es mi principal medio de transporte en la ciudad, para movilizarme a la universidad y a otros puntos más que frecuento.  Precisamente cuando llego a la cuadra número tres, observo la tienda a la que voy algunas ocasiones para tomar cerveza y hablar descarriadamente con varios de mis amigos. La tienda estaba llena y al fondo, antes de la entrada del baño que se puede ver desde afuera y en la otra acera donde me encontraba, ví que estaba como siempre el dueño, que siempre me saluda cuando me ve pasar, pero que esta vez ni siquiera se da cuenta que su cliente está cruzando la calle.
Justo antes de llegar a la mitad de la calle, me detengo por evitar que tres personas en bicicletas me colisionaran. Ésos son los tipos de jóvenes, que tal vez venían del parque del barrio, después de fumar marihuana. Puede que no, pero son el estereotipo que altera mi confianza con la seguridad. Por eso, mientras los tres jóvenes seguían por la calle en sus "ciclas todoterreno", quise bajar un poco la velocidad, para dar tiempo que se escaparan del miedo que me producían.  Algo en esa circunstancia me llamó bastante la atención.  El posible ciclista profesional con cara de pandillero que iba por la mitad de los otros dos y en punta - como si fuera el jefe de la banda - les hacía señas a sus compañeros o compinches, según sea su relación.  Pero las señas fueron un poco más adelante, casi donde finaliza la cuadra. Sus señas, no muy normales, las llevaba a cabo con sus manos, siendo éstas bastante creativas con sus movimientos y con cierto grado de hazaña, al ver que soltaba el manubrio de su transporte. Dejé de admirar los tres pandilleros, cuando pasaron a dos motociclistas, que habían parado allí unos segundos antes, y que uno de los dos, cruzaba la calle hacia mi acera, mientras el otro seguía montado en la moto. Pero eso es lo de menos. Las motos no me asustan y mucho menos, los motociclistas.

Ya mucho más relajado por la alteración que me proporcionaron los tres posibles malosos de las ciclas, seguía con mi camino por la tercera cuadra de mi trayecto, mientras pensaba en posibles soluciones a un problema con mi pareja, que me agobiaba. Mi cigarrillo ya iba  por el primer cuarto incinerado. Lo miré cuando lo aspiré, antes de darme cuenta que el señor motociclista que había cruzado a mi acera antes, estaba en la reja de la veterinaria que queda en esa esquina. Es un mensajero, imaginé.  Precisamente cuando paso por el lado de la reja verde alta que resguarda el patio donde juegan unos perros, un Golden Retriever  muy tierno por su aparente juventud, y uno de esos perros bravos que son flacos y negros, que si no fuera por la reja ni me acercaría, fue ahí que supe que podía estar en problemas. 

-Señor. ¿Podría usted ayudarme? Dijo  el posible mensajero. Es que no somos de acá y necesito llegar a la 166 con séptima.

-Por la 134 suba hasta la séptima. Le dije apresuradamente y le señalé con mi brazo, en forma de orientación al posible mensajero foráneo que no sabía cómo llegar a su destino. Pero en ese momento la desconfianza se apoderó de mí, de todo pensé menos que fuera un mensajero perdido. Recordé en microsegundos, algunos relatos de atracos que había escuchado donde me contaban que lo hacían parar a uno para que le explicara cómo llegar a un sitio y ahí lo robaban. Por esa razón, comencé a caminar más rápido y no escuché lo que el señor me seguía diciendo.

A unos cuatro metros del poste que hay en la esquina de la veterinaria, ya donde me sentiría a salvo, menos de dos segundos habían pasado después de mi respuesta, cuando el posible mensajero de cuerpo gordo, una altura de 1,75 aproximada y tez  morena, me violentó por el brazo, haciéndome retroceder, justo hasta donde el revólver que asía en su otra mano, no se hiciera más público que a mi vista.
Aún con mi cigarrillo prendido en mi mano derecha, miré sorprendido aquel revólver de tambor, sin poder cerciorarme si estaba cargado o no, a causa de mi inexperiencia con las armas.

-Si sale a correr le meto su "pepazo".  Somos de un frente de la guerrilla, la zona la tenemos rodeada. Estamos reclutando personas. Necesitamos diez para antes de la media noche. ¿Está interesado? Me dijo aquel hombre al cual mi temor hacia él, ya rebozaba por todo mí ser, y que parecía estar más nervioso que yo.

-No. Respondí alterado y mirando fijamente los ojos de color café, que vislumbraban por la luz tenue de los postes de iluminación, entre el casco del individuo gordo, que tenía en sus manos el poder de hacer conmigo lo que quisiera, al portar el arma que fácilmente me podría quitar la vida. Pensé asustado que me podían raptar y reclutarme obligado en su organización.

-¿A qué se dedica? Preguntó soltándome del brazo, al ver que yo no sería capaz de huir corriendo ante la amenaza de muerte.

-Soy estudiante

-¿Qué estudia?

-Comunicación social.

-Muéstreme el carné.

De manera formidable, saqué el carné de la universidad que guardo en mi billetera, mediante una maña que he desarrollado para sacarlo de esta, sin tener que sacar la billetera de mi bolsillo, siempre que entro a la institución. Se lo mostré, lo detalló durante un segundo y me lo entregó. Una esperanza de que todo pudo haber acabado y que me dejaría seguir  hacia mi destino, llegó a mi mente. Pero no fue así.

-Bueno, está bien. Pero necesitamos una colaboración. Dígame la verdad, ¿Cuánto trae de plata?, igual lo vamos a requisar. Chocó el revólver cuatro veces contra mi pecho en actitud desafiante. Ahí hice memoria de cuanto había dejado en mi billetera a la vista, para saber qué podía salvar, pero recordé aquel momento en que salí de mi casa guardando los dos billetes en ésta y supe que todo sería inútil.

-Tengo cien mil pesos. Respondí sin ganas y a sabiendas que ya no eran míos. Igual si le decía que había menos, me requisaría y se daría cuenta. Y por mentiroso me puedo ganar un golpe o algo por estilo, en el mejor de los casos.

-Páseme la billetera. Me ordenó. La saque lentamente de mi bolsillo posterior izquierdo del pantalón y se la di. En ese momento la otra persona que hace un instante se encontraba sobre la moto prendida, golpeó mi hombro derecho y me gritó ordenándome con varias groserías, que dejara de fumar y que botara el cigarrillo que seguía prendido por la mitad, en mi mano. Con temor a retarlo, hice lo que me dijo éste hombre más alto que su compañero y de tez blanca, mientras el otro escudriñaba mi billetera vieja.

-Muéstreme su celular. Me dijo el gordo protagonista cuando devolvía muy amablemente mi billetera con mis papeles varios de identificación. Al mismo tiempo que el otro me requisaba los bolsillos en busca de dinero. De todos se cercioró que no hubiera nada de valor que se pudiera llevar, menos del de mi camisa donde estaba la cajetilla de Marlboro, y de donde hacía varios minutos  había sacado los billetes que pudieron haber estado bien resguardados en ese compartimiento.

Le entregué mi celular al atracador principal, que le tenía respeto  por su arma desafiante, que varias veces volvió a chocar contra mi pecho. Para tal momento, el alto ya me había terminado de requisar.

-¿Qué tiene ahí? Preguntó señalando el bolsillo de mi camisa.

-Cigarrillos. Contesté. No se inmutaron ni siquiera a mirarlos, por el aparente asco que tenían a los fumadores. Reflexioné que los billetes estarían a salvo allí, si los hubiera dejado ahí, donde por el destino se encontraban.

-Ahora voltéese, y vuelva por esta acera hasta la esquina.  ¡Si mira  hacia atrás le meto su "pepazo" marica!

Giré, metí las manos en mis bolsillos y comencé a caminar de nuevo hacia la esquina por donde me había cruzado con los pandilleros ciclistas. El atracador flaco, utilizó uno de esos radioteléfonos que utiliza la policía para su comunicación, y dijo como si le hablara a otra persona que se encontraba en la zona: "Va por el andén señalado. Camisa azul oscura. En segundos lo observará en la esquina". Seguidamente oí sus pasos por la calle, se montaron a su moto vieja de tonalidad oscura, de placas BET  06, y desaparecieron con mi dinero y con el celular que habían acabado de robarme.

El sentimiento de vuelta fue distinto cuando me di cuenta que los señores ladrones, o más bien, "Don ladrón" y su secuaz, habían dejado mi vida intacta, mis papeles a salvo y mil pesos  como limosna dentro de mi billetera, para llamar de una cabina telefónica ubicada en la misma cuadra al lado de la tienda por la que había pasado, y decir: "Hola pá, me atracaron".

Esteban Alvarán Marín

esalvaran@academia.poligran.edu.co


PERIODISMO Y LITERATURA

PERIODISMO Y LITERATURA

Foto: Truman Capote.

De sobremanera, Truman Capote con su obra "A Sangre Fría" se convirtió en pionero del periodismo literario. Capturó en una forma novelística, la realidad que le apasionaba del periodismo. Es una clara muestra de lo exitoso que pueden ser las mezclas que culturalmente nunca desarrollamos por miedo al error.

Capote, inhibido por su curiosidad investigativa sigue los rastros de una masacre en un pueblo de Kansas, donde apasionado por el misterio del paradero y los motivos de los victimarios, sigue huella por huella todos los datos que podía conseguir como excelente reportero. Su investigación dura un poco más de cinco años, en los cuales conoce a todas las personas del pueblo e incluso se vuelve amigo de los homicidas, quienes presos, esperaban su ejecución en la horca. Después de esto, Truman desarrolla su novela, que por su gran calidad investigativa y sus aspectos totalmente reales, se convierte en un boom en todo el país norte-americano en la segunda mitad del siglo XX.

El autor, luego de la publicación de su obra, siente una dualidad moral, que por un lado le proporcionaba felicidad ver el resultado de todo su trabajo, mientras que por otro le generaba karma, el saber que aquellos asesinos que se habían vuelto sus amigos, estaban muertos por la pena capital. Como él mismo lo dijo:, "Escribir el libro no me resultó tan difícil como tener que vivir con él".

"A Sangre Fría" es una novela con descripciones demasiado completas, de personajes que se encarnan en la mente del lector de manera común; escenarios reales que transportan la imaginación; y sucesos no ficticios que abruman por completo las percepciones de quienes se sientan hora tras hora delante del extenso libro, destruyendo una por una, las especulaciones que éstos generan en la historia. Con gran metodología objetiva y real, el autor hace sentir al espectador, leyendo un reportaje de cuatro cientas hojas en un periódico local de Kansas, con la diferencia de que esta novela es un tren que viaja por numerosas estaciones que van encaminando al lector a través de una historia real. El narrador se encuentra en todos los hechos, pero no es en ninguno participe de ellos (omnisciente). Capote nos va mostrando esta gran historia con su periodismo literario, mostrando el pueblo y la familia asesinada, junto a los planes y hechos de los asesinos, en escenas intercaladas que le regalan al lector un sentimiento informativo de qué están haciendo por diferentes lados, los personajes en un mismo tiempo.

Ya estando mucho más informados acerca de este espectacular ejemplo del periodismo literario o de el género llamado novela real (gracias a Capote), muchos autores de crónicas que informan con la más alta cantidad de detalles y bastantes escritores de literatura ficticia que montan historias inéditas y creativas sobre la imaginación del espectador, han entrado al debate de gran polémica sobre la existencia de esta mezcla literaria que analizamos.

El periodismo no es un hermano menor de la literatura. Como estudiante de comunicación social y periodismo, pero ante todo como lector empedernido de todo tipo de artículos, notas, historias, crónicas, noticias, ensayos, novelas, cuentos, etcétera, confieso que prefiero las crónicas. Éstas, me transfieren sucesos, lugares y descripciones reales que desconozco, acompañados de exuberantes, pero objetivos y concisos datos reales, que despiertan mi creatividad mental, para construir circunstancias, caras, casas y hasta sentimientos que va narrando el autor respectivo. Me parece muchísimo más interesante leer un artículo que me va a informar de la realidad que no sabía que existía, o al menos, de la que vivo pero desconozco, que leer obras literarias que construyen en mi cerebro conjuntos ficticios de vidas que no existen.

Pero tal y como lo afirma el cronista argentino Martín Caparrós, no siento la diferencia entre periodismo y literatura. Son simplemente corrientes distintas, donde la ficticia le compromete un pacto al lector de que lo va a entretener, contándole una historia que nunca sucedió, pero que tal vez le va a poner a pensar. Mientras que la no ficticia, le cuenta una historia cierta de la que el autor se enteró y quiere que lo sepa. Aunque los pactos marcan diferencia, los géneros no deben ser de igual forma diferenciados. Los dos relatan algo. Ambos le transmiten a partir de herramientas comunes, mensajes que informen o entretengan al lector, según sea el caso.

Es por eso, que la novela real no surge como un género como tal, a través de Truman Capote, sino que más bien, es un entrelazado de herramientas de la literatura y el periodismo, que coadyuvan a que el objetivo respectivo sea eficaz en la mente e imaginación del lector.

Como alguna vez lo dijo la periodista argentina Leyla Guerriero"(...)en los grandes cronistas encuentro ecos de Richard Ford y de Scott Fitzgerald, de Góngora y de la Biblia, de José Martí y de Gonzalo Rojas, de Flaubert y de Paul Bowles, de Salinger y de Alice Munro, de Nabokov y de Pavese, de Bradbury y de Martin Amis, de Murakami y David Foster Wallace. Claro que si vamos a ser sinceros, no suele haber, en los grandes escritores de ficción, ecos de cronistas majestuosos".

Lo que sí es maravilloso, es leer una crónica con la capacidad narrativa de la literatura; personajes reales con descripciones detalladas y completas; lugares existentes como escenarios de locura; circunstancias históricas con ánimos de ser situaciones creativas. De igual forma, una novela centrada en la investigación de un acontecimiento, conforma la dinámica de la curiosidad por la realidad, junto con la descripción característica de la literatura, que crea la eficiencia de un mensaje bien comunicado; de una historia bien contada; de un hecho perfectamente informado.

 

Esteban Alvarán Marín                                                                esalvaran@academia.poligran.edu.co 

 

Foto: http://www.flickr.com/photos/litmuse/109265615/

CHI - CHIE - MOX - RAMIRIQUÍ (BOYACÁ)

CHI - CHIE - MOX - RAMIRIQUÍ (BOYACÁ)

(Nuestra Floreciente Morada)

 

 Foto: Vista Ramiriquí desde el "Alto de la Cruz".

Entre un infinito número de tonos verdes, que decoran las montañas con parches de cultivos boyacenses, se halla Ramiriquí. Municipio denominado la "Capital Civilista de Colombia", que con la agricultura, sus deliciosas arepas de maíz y cuajada,  y su amable gente, forja con orgullo un pueblo cálido para sus visitantes y bienestar para sus habitantes en las entrañas del altiplano.

Ubicado a 32 kilómetros de Tunja y a una altura de 2.325 metros sobre el nivel del mar, este pequeño pero acogedor municipio, se encarga de proporcionarle al turista la energía de volver en otra oportunidad.  Su arquitectura colonial hispánica, declarada patrimonio nacional, da un toque estético muy peculiar, con casas de dos plantas y  variedad de colores, que ni el frío puede oscurecer.  Cuenta además, con un parque central tradicional, que sin salir de lo normal, deja al espectador un sentimiento de nacionalidad: la majestuosa iglesia con pinturas religiosas de grandes magnitudes, la estatua en el centro de su personaje histórico insignia, José Ignacio de Márquez (expresidente de la República) y las destellantes ramas de los árboles que rodean el parque, bailando entre ellas una coreografía única, que sólo el mejor de los vientos ramiriquenses la puede dirigir.

 

Una gran cantidad de personas ancianas viven en el municipio, salen de vez en cuando a merodear sus calles, observando que todo su pueblo se encuentre en tranquilidad, tal y como se lo dejaron a sus herederos hace  unas décadas atrás. Vestidos con sus abrigadoras ruanas, sus botas pantaneras, coloridas faldas y su distinguido sombrero pequeño de campo, se dirigen a la iglesia a pedir por su amada tierra, sin olvidar que de regreso comprarán algunas hortalizas en la plaza de  mercado,  que hacen falta en la casa.

Algunos más jóvenes, fanáticos del ciclismo, deporte emblema de Ramiriquí gracias a personas como Mauricio Soler (que siendo ramiriquense compite en los más famosos torneos mundiales de ciclismo profesional), parquean sus caballitos de acero en las aceras del parque, para sentarse bajo aquellas contrastantes y bajitas sombrillas amarillas a tomarse unas cervezas, que compensen el ejercicio de los cuarenta kilómetros que recorrieron yendo hasta Jenesano (pueblo aledaño) en la mañana.

Es en las sombrillas de doña María, mujer propietaria de un gran establecimiento vendedor de cerveza, donde se ubica Edilberto Borda. Con un casco vino-tinto amarrado a la cabeza, sus gafas recetadas para la miopía, un uniforme ceñido al cuerpo de ciclista, sus guantes con dos dedos rotos, una chaqueta morada impermeable y unos cómodos tenis,  acomoda el pedal de su bicicleta, al mismo tiempo que la recuesta sobre una de las sillas de madera que caracterizan al pueblo. Hablando un poco con él, me mostró la verdadera cara de las personas en Ramiriquí: humanos orgullosos de su pueblo natal, que con la baja temperatura del clima y varias gotas de llovizna que empezaban a precipitarse, me regalaba la calidez del municipio y sus habitantes, con curiosos relatos de varias personas a quienes conocía, hasta que luego me contó su historia.

Edilberto o ‘Beto' (su nombre artístico), es un hombre de 42 años, pero  una persona de la nobleza, carisma y estado físico de un niño. Nació en Ramiriquí y siempre ha vivido allí. "Ésta es la mejor tierra en la que puedo vivir.  La que me vio nacer y crecer", afirma con una sonrisa de felicidad en su morena tez facial. A los catorce años, se dio cuenta del regalo que la vida había interpuesto entre su cuerpo y espíritu: una voz  destellante e increíble. Desde ese tiempo, dedicó su vida al canto y la música, siendo éstas sus verdaderas pasiones, como él mismo lo dice, "Cantar y entretener a las personas con el talento que Dios me obsequió, son las cosas que más me gusta hacer en la vida", mientras bota una carcajada cuando recordaba una de sus experiencias, dejando a luz una dentadura blanca y perfecta de dientes pequeños.

La decencia de este hombre,  junto con su forma de ser envidiable, generan  en este personaje criado en el campo, un verdadero hombre, que se mantiene de las serenatas y los toques musicales que desempeña en el pueblo. ‘Beto' Borda aguaba sus ojos, al son que relataba con lujo de detalles y sobriedad de sus esfuerzos,  todo su trayecto musical.  Empezó inclinándose por las baladas, en el momento en que estudiaba  en la escuela musical del pueblo, donde aprendió a tocar el saxofón. Tras unos años, montó con varios de sus colegas, una banda de rock en español. Luego, se dedicó con dos de sus amigos de infancia a la música "carranguera". Los anteriores géneros no le saciaron su pasión musical, por lo cual se inició en su carrera de mariachi, con varias interpretaciones que montó de sus cantantes mejicanos favoritos. El año pasado participó en el  Festival de Canto en Tunja, donde quedó en tercer lugar. Ahora, es feliz en Ramiriquí tocando lo que le pidan. Al preguntársele si en algún momento quisiera probar suerte con su talento en Bogotá, curvó por completo sus pobladas cejas y respondió: "la vida en Bogotá es muy dura. Lo que más me gusta de mi pueblo, es que me aplauden tal y como soy".

Es así como en un pueblo tan pequeño se encuentran miles de historias inéditas, de personas con aptitudes y ganas de llevar el orgullo de Ramiriquí, en lo alto del país y el mundo.
Tras escuchar relatos de vidas y mitos que existen del municipio, de misterios  relacionados con los asentamientos indígenas del cacique Rumirraqui de los Chibchas, de personas que han sobresalido en el pueblo por sus arepas reconocidas hasta por el presidente de Colombia, de ramiriquenses ciclistas, médicos, ingenieros, que salieron en algún momento de su tierra, pero  que seguro volverán; personas que de verdad buscan el desarrollo común por el bienestar de todos. Me despedí de allí, expresando gratitudes por el hermoso tiempo que pasé, por las exquisitas arepas que  comí y me llevé, pero ante todo, por la calurosa bienvenida que le proporcionan al extraño en su inclemente clima frío.

 

"la calurosa bienvenida que le proporcionan al extraño en su inclemente clima frío".

 

Esteban Alvarán Marín                                                    esalvaran@academia.poligran.edu.co

 

 

MATERIALES DE CONSTRUCCIÓN, A PARTIR DE ELEMENTOS RECICLADOS

Colombianos de la mano con el ambiente

 

MATERIALES DE CONSTRUCCIÓN, A PARTIR DE ELEMENTOS RECICLADOS

Jóvenes empresarios innovan en el país, con la producción del Wood Plastic Composite (WPC).

Empresario Óscar Méndez, socio de Compuestos Plásticos.


 

 Aproximadamente son 200 millones de toneladas de plástico desechadas en el mundo al año, de las cuales sólo el 3% son recicladas. Disminuir el consumo de plástico y desarrollar  industrias que integren el reciclaje, son claras soluciones a las alarmantes cifras.

El Wood Plastic Composite (WPC) es un material ecológico, compuesto por plástico y fibras naturales, como los desechos de la madera. Es considerado un perfecto sustituto a la madera tradicional y los productos de perfilería plástica, usados en la industria de la construcción, por su gran aporte ambiental de impacto y sus cualidades inigualables. Es resistente a la humedad, los insectos y los rayos UV. Además, es totalmente reciclable,  indeformable y no inflamable.

                                                                                                                                                  Piso, rejas y poste de WPC

La idea, aunque nació en Noruega en la década de     los setenta, es desarrollada con fuerza en China y los Estados Unidos. Ahora, Óscar Méndez y Fredy Rodríguez emprenden su camino con el WPC en Colombia, con el objetivo de darle función a los desechos de plástico y maderas, sustituyendo materiales de construcción tradicionalmente usados, que no hacen ningún aporte benéfico al medio ambiente. 

"La realidad ambiental que vivimos en el planeta, nos dio la motivación de desarrollar este proyecto, que sabemos generará un positivo impacto en el ambiente, con nuestro producto". Afirmó Óscar Méndez, arquitecto de profesión y socio de Compuestos Plásticos.

De manera excepcional, estos dos jóvenes empresarios son ejemplo de cómo hacer parte del cambio que necesitamos en el planeta: llevan a cabo sus objetivos personales, paralelamente a sus aportes por el bienestar del ambiente de todos.

 

Esteban Alvarán Marín                                                                                               esalvaran@academia.poligran.edu.co